miércoles, 20 de febrero de 2008

Símbolos de rebeldía


POR LILLIAM OVIEDO

El 15 de febrero de 1966, cayó en la zona de Santander, en Colombia, el sacerdote Camilo Torres Restrepo, quien combatía junto a las fuerzas del Ejército de Liberación Nacional (ELN). El 16 de febrero de 1973, Francisco Alberto Caamaño Deñó, herido en combate y capturado, fue fusilado por oficiales del Ejército encargados de preservar la estabilidad del régimen encabezado por Joaquín Balaguer y sostenido por el poder estadounidense. Historia que no ha concluido. Rebeldía cuyos motivos no han cesado. Símbolos a enarbolar justo ahora, cuando los sectores más retrógrados pretenden seguir añadiendo nombres a una lista elaborada con los criterios de imposición que dicta la prepotencia imperialista.

La propuesta del Presidente Hugo Chávez de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, sean tratadas por los Estados como fuerza política insurgente y no con la etiqueta de terroristas que les han colocado Estados Unidos y la Unión Europea, es el pretexto que han encontrado personeros de lo peor del exilio cubano (enemigos de todas las fuerzas progresistas) para solicitar que sea incluida la República Bolivariana de Venezuela en la lista de países que apoyan el terrorismo, otra lista que ha elaborado la prepotencia imperialista para castigar la defensa de la soberanía y exigir sumisión a los gobernantes.

El asunto no es de forma. Presentando la rebeldía como delito, el Ejército y los organismos de inteligencia de Colombia se presentaron ante el mundo como autores de la muerte de Camilo Torres en 1966. Siete años después, en 1973, presentando como limpios y transparentes los fraudulentos procesos electorales montados para dejar a Balaguer en el Palacio, oficiales de las Fuerzas Armadas de República Dominicana fusilaron a quien había sido líder de la resistencia contra la invasión estadounidense de 1965, Francisco Alberto Caamaño. Aquí y en Colombia, a la definición de los gobiernos nacionales hay que añadir la tutela estadounidense.

Hoy, por figurar las FARC en la lista de organizaciones terroristas, Álvaro Uribe Vélez, sus aliados políticos y el alto mando militar que sustenta su gobierno, confiesan que se proponen eliminar a todos los guerrilleros. No hay que hacer esfuerzo alguno para advertir que quienes proponen incluir a Venezuela en el llamado “eje del mal” intentan desestabilizar el proceso revolucionario, pero también pretenden justificar planes de magnicidio.

A la cabeza de los legisladores conservadores que hicieron la propuesta en el Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos está la cubano-estadounidense Ileana Ross-Lehtinen, quien en el año 2006 declaró a una cadena británica que vería con agrado que alguien asesinara al Comandante de la Revolución Cubana, Fidel Castro. ¿Alguna duda de que los sectores recalcitrantes pretenden castigar la rebeldía?

Han atentado durante muchos años contra Fidel, y atentan ahora también contra Chávez.

Hace 42 años mataron al padre Camilo, quien asumió la lucha armada al darse cuenta de que vistiendo la sotana podía practicar la caridad pero le era prohibido impulsar la lucha por la justicia. Hace 35 años mataron a Francisco Alberto Caamaño Deñó, convertido en símbolo de rebeldía por haber luchado contra la grosera invasión estadounidense y contra Joaquín Balaguer.

El mejor homenaje a quienes, como Caamaño y el padre Camilo, han luchado contra la desigualdad, la sumisión y el abuso, es exaltar el valor de Fidel Castro y preservar a Hugo Chávez.

Los recursos naturales de América Latina deben servir para impulsar el desarrollo regional… Y los estrategas que en el documento Santa Fe IV consignan que deben estar a la disposición de Estados Unidos para sus intereses de seguridad nacional, plantean ahora que es urgente sacar de escena, como figuras presentes o como símbolos, a quienes encarnan la rebeldía.

Es deber de conciencia hacer fracasar ese intento de desdibujar la memoria y manipular el presente... La sumisión al poder es asqueroso oportunismo; la rebeldía, en cambio, es la más sublime expresión de amor...

Fidel deja el poder


LA HABANA.- Fidel Castro anunció ayer su renuncia a la Presidencia de Cuba tras casi medio siglo en el poder, abriendo una era de cambios en la que el legendario dirigente comunista mantendrá la influencia de su liderazgo histórico.
"No aspiraré ni aceptaré el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe", afirmó Castro en una carta publicada en el diario oficial Granma, cinco días antes de que el Parlamento electo en enero lo postulara para la reelección.

En la nota, el líder cubano de 81 años no hizo mención de su cargo como primer secretario del Partido Comunista (PCC), lo que significa una amplia cuota de poder, por ser la fuerza gobernante y única legal en el país.

Ultimo líder histórico del comunismo, Fidel dio el paso al costado tras casi 19 meses de convalecer de una enfermedad intestinal que lo llevó a ceder el mando provisionalmente a su hermano Raúl, ministro de Defensa de 76 años, el 31 de julio de 2006.

Ahora deja el camino despejado a Raúl para asumir definitivamente la Presidencia, sin que se descarte una sorpresa -según analistas- en caso de que el vicepresidente Carlos Lage, de 56 años, asuma como cabeza del Estado instalando a la nueva generación en el poder.

"Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia", otros algo más jóvenes como altos oficiales del Ejército, que "cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo".

Además de otra "generación intermedia", como la de Lage, que no participó en la guerrilla pero aprendió a "organizar y dirigir una revolución", dijo, al sugerir el posible escenario que será definido el domingo.

Carta de renuncia de Fidel Castro
Queridos compatriotas:
Les prometí el pasado viernes 15 de febrero que en la próxima reflexión abordaría un tema de interés para muchos compatriotas. La misma adquiere esta vez forma de mensaje.

Ha llegado el momento de postular y elegir al Consejo de Estado, su Presidente, Vicepresidentes y Secretario.

Desempeñé el honroso cargo de Presidente a lo largo de muchos años. El 15 de febrero de 1976 se aprobó la Constitución Socialista por voto libre, directo y secreto de más del 95% de los ciudadanos con derecho a votar. La primera Asamblea Nacional se constituyó el 2 de diciembre de ese año y eligió el Consejo de Estado y su Presidencia.

Antes había ejercido el cargo de Primer Ministro durante casi 18 años. Siempre dispuse de las prerrogativas necesarias para llevar adelante la obra revolucionaria con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo.

Conociendo mi estado crítico de salud, muchos en el exterior pensaban que la renuncia provisional al cargo de Presidente del Consejo de Estado el 31 de julio de 2006, que dejé en manos del Primer Vicepresidente, Raúl Castro Ruz, era definitiva.

El propio Raúl, quien adicionalmente ocupa el cargo de Ministro de las F.A.R. por méritos personales, y los demás compañeros de la dirección del Partido y el Estado, fueron renuentes a considerarme apartado de mis cargos a pesar de mi estado precario de salud.

Era incómoda mi posición frente a un adversario que hizo todo lo imaginable por deshacerse de mí y en nada me agradaba complacerlo.

Más adelante pude alcanzar de nuevo el dominio total de mi mente, la posibilidad de leer y meditar mucho, obligado por el reposo.

Me acompañaban las fuerzas físicas suficientes para escribir largas horas, las que compartía con la rehabilitación y los programas pertinentes de recuperación. Un elemental sentido común me indicaba que esa actividad estaba a mi alcance.

Por otro lado me preocupó siempre, al hablar de mi salud, evitar ilusiones que en el caso de un desenlace adverso, traerían noticias traumáticas a nuestro pueblo en medio de la batalla. Prepararlo para mi ausencia, sicológica y políticamente, era mi primera obligación después de tantos años de lucha. Nunca dejé de señalar que se trataba de una recuperación "no exenta de riesgos".

Mi deseo fue siempre cumplir el deber hasta el último aliento. Es lo que puedo ofrecer.

A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, en cuyo seno se deben adoptar acuerdos importantes para el destino de nuestra Revolución, les comunico que no aspiraré ni aceptaré- repito- no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe.

En breves cartas dirigidas a Randy Alonso, Director del programa Mesa Redonda de la Televisión Nacional, que a solicitud mía fueron divulgadas, se incluían discretamente elementos de este mensaje que hoy escribo, y ni siquiera el destinatario de las misivas conocía mi propósito.

Tenía confianza en Randy porque lo conocí bien cuando era estudiante universitario de Periodismo, y me reunía casi todas las semanas con los representantes principales de los estudiantes universitarios, de lo que ya era conocido como el interior del país, en la biblioteca de la amplia casa de Kohly, donde se albergaban.

Hoy todo el país es una inmensa Universidad. Fidel Castro Ruz 18 de febrero de 2008 - 5 y 30 p.m